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épica y consolidación

Estamos en un momento político que sin dudas, y no voy a decir ninguna novedad, contiene fuertes dosis de épica política. Lo sentimos claramente en la plaza el domingo en que salimos a festejar el aplastante triunfo de Cristina. Iba a decir que lo sentí, pero se que lo sentimos después de hablarlo con varios militantes kirchneristas y otros que apoyan pero no militan. El domingo la historia se nos vino encima, el hecho de estar en medio de la multitud escuchando no uno sino dos discurso de nuestra líder política, desde el bunker y después in situ, tuvo un fuerte contenido de reminiscencias al primer peronismo, a la vez sentimos que todos estábamos haciendo historia presente y futura.

Hablando con botellero, que está haciendo una experiencia particular de vida en Noruega, le preguntaba si alguna vez el país nórdico vivió una situación política cargada de épica, en su tránsito a esta sociedad de hoy en la que los grandes problemas están por ahora solucionados, el nivel de vida es muy alto, y en donde la gente casi ya no habla de política. botellero me dijo que si. Luego de la ocupación nazi, se convocaron elecciones generales en 1945 en las que triunfa el Partido Laborista que durará en el gobierno 17 años corridos, período en que Noruega se convierte en referente del Estado de bienestar en el mundo. No conozco la historia noruega, pero creo que no hace falta mucha imaginación para darse cuenta de la carga épica que habrá contenido la política escandinava después de pasar ocupada por los nazis del 40 al 45.

El kirchnerismo está pasando quizás por su cenit en materia de épica política, y de aquí en más no queda otra cosas que bajar su intensidad, el sólo hecho de saber que un próximo gobierno no tendría a un Kirchner ocupando el sillón presidencial lo dice todo. Confío en que en el 2003 comenzó un proceso político que cómo dice Ricardo Rouvier, llegó para quedarse; “es un proyecto que va más allá de los mandatos presidenciales, porque es un nuevo modelo económico- social y la clave está en el papel del Estado”.

La consolidación política, social y económica ¿llegará con un Estado más parecido a una maquinaria burocrática encargada de asegurar que las cosas funcionen medianamente bien?¿Es eso lo deseable? Que ni sueñe la clase media con una vida al estilo europeo, pero supongo que la militancia kirchnerista debe prepararse para una paulatina disminución en la intensidad del “drama”.

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La oposicíon y el papel de la prensa (y viceversa)

La carrera electoralista obliga a todos los actores políticos a revisar sus libretos. Por un lado la oposición que había encontrado nueva fuerza mostrándose como un frente unido se atomiza cada vez que deben definir candidatos o que sus propuestas legislativas se vuelven algo más que un simple rechazo al gobierno nacional. En antagonismo puro ya no satisface las necesidades del radicalismo y el socialismo, convencidos de tener una chace en las próximas elecciones. Binner por su parte tiene la carga de ocupar un puesto ejecutivo, las estrategias puramente electoralistas no le sirven para hacer mejor su administración, más relevante para su futuro político que sus dichos y alianzas. Macri la tiene difícil, encerrado en una ciudad que es un laberinto de necesidades diversas que no llega a satisfacer ni entender. Amén del vouyerismo que lo aqueja. Alfonsín quiere dar una imagen de mesura, pero tiene la sombra de la Alianza detrás, sin una propuesta clara y con una cercanía al campo sojero y los multimedios que lo condicionan enormemente. Carrió parece preferir un cámara de televisión a una posibilidad cierta de ganar elección alguna.

Un gran logro del Kirchnerismo es obligar a la oposición a plantear acciones propias de la canasta K, como en el caso el aumento a las jubilaciones. Un gran acierto del gobierno sería tomar la piedra, aprovechando el vacío fluorescente de la ley presentada por el intermitente grupo A, y proponer una forma de financiamiento del 82 % basado en una reforma impositiva de tinte progresivo. Que los que más tienen más paguen puede ser una de esas “cinco o seis cosas en las que todos estamos de acuerdo”. Condicionar la aprobación de una ley a la otra les quitaría la hoja de parra con la que la oposición oculta sus partes pudorosas.

Candidatos como Pino Solanas y Macri muestran la necesidad de políticos profesionales que entiendan las coyunturas y se sobrepongan a los meros deseos personales. De alguna manera Carrió desconoce su juego, más una vedette política que una legisladora de valía. No es de extrañar que Solanas se acerque a ella y al Pro últimamente.

La boleta del prode de Cobos esta toda agujereada en los empates, único escenario donde el vicepresidente cobra protagonismo.

El asunto de papel prensa y fibertel es un boomeran fuera de órbita. La alianza de la oposición con los multimedios es peligrosa para todos. La imagen impoluta del periodismo independiente que representaba el siempre serio Santos B. en los 90 se ha perdido para siempre. En la “guerra del gobierno contra Clarín” nadie se toma en serio el cuento del corderito y el lobo feroz por más que lo repitan hasta el cansancio en todas las paginas del matutino. Papel prensa esta manchado de sangre, el caso fibertel tiene fusiones de empresas poderosas que están enemistadas con la ley y lejos del espíritu de la descentralisación de las comunicaciones. Pero se trata de negocios, no de ideales, a menos que los negocios y los ideales sean la misma cosa y entonces se entenderían la campaña a favor de ciertos impresentables de la oposición que “el periodismo independiente” gusta ofrecer. Que la oposición se empesine en ser el corre ve y dile de los intereses de los Noble y los Mitre es vergonzoso.

El circo de moreno y sus guantes de box no ayuda, pero en en ese cuadrilátero están los aliados de la dictadura, apropiadores de chicos de desaparecidos, torturadores y gente muy poderosa que lejos están de ser niños de pecho.

El poder de la prensa repercute en los sentidos de las masas. El poder del gobierno lo hace en los bolsillos y la calidad de vida. Ser fotogenico es una cualidad muy limitada de la política.

Tanguito inseguro

Lo que a mí me preocupa es lo que les preocupa a todos.

“Una ilusión, admitámoslo, no puede ser comprendida enteramente si no es con referencia al principio de realidad que elude” (Grignon y Passeron, Lo culto y lo popular, Nueva Visión, Buenos Aires, 1991, p. 20)

¿Por qué la preocupación por el clientelismo (también acá) cuando lo que se acaba de anunciar es la ampliación de un derecho? Es evidente que por un lado muestra la preocupación de un sector social al que no le interesa saber qué es eso de lo que habla, sino simplemente demonizarlo. Está, además, más preocupado por ver los problemas que puede generar una buena medida, antes que ponderar la bondad de la medida. Está más preocupado por expresar su preocupación, su prejuicio, que el análisis de la medida. La actitud se muestra en cada intervención.

Quieren que los pobres, los desclasados, los desocupados, se comporten como clase media, que tengan sus mismas preocupaciones, pero que no accedan al mismo estado material. Comportamiento burgués con ingreso de lumpen. En esas opiniones, la dominación simbólica intenta ocultar la dominación material y social. La igualdad de preocupaciones niega, no nombra nunca, la desigualdad económica que distancia a las clases.

Hay un mundo de relaciones de fuerzas, de actores sociales, de instituciones, de grupos, ahí, donde están metiendo las narices, que no aparece en los artículos de Clarín y La Nación ni en las declaraciones opositoras. No hay razones, no hay historia, no hay estudio de dinámicas sociales. A ese mundo que puede ser diferente sólo se lo muestra como algo a lo que le falta para ser igual al que escribe sobre ese mundo.

Milagros Sala lo dijo mejor: “La sociedad tiene que entender que se puede convivir con los que menos tienen”

Contrabandeando progresismo

De New Album 8/6/09 10:44 PM

En las jornadas camperas del 2008, Nestor Kirchner y Cristina Fernández lograron instalar la palabra redistribución en la sociedad y, sobre todo, en el discurso opositor. No importa si se es o no responsable del modo en que se ejecuta esa redistribución o si se es o no sincero en su enunciación. Por izquierda se la exige pero no se explica el cómo y por derecha se dice cómo pero la cuenta no cierra (bajar retenciones o eliminarlas y cubrir el agujero con eliminación de subsidios al transporte y servicios –consumos populares– para financiar un ingreso universal). Lo que importa es que el gobierno desde entonces fue responsable junto con otros sectores que lo apoyaban, de hacer ver que ésa, la redistribución era, si no una meta, algo a lo que no se podía oponer nadie. Queda mal oponerse a la redistribución. Antes quedaba mal estar en contra de la lucha contra la pobreza. Ahora se afinó un poco la puntería, se hizo menos abstracto.

Pero ante semejante avance, la cosa parece haberse estancado. Quien instaló el tema se queda sin hechos. Si de una punta a la otra del arco político se propone una acción hacia el sector más pobre de la población (hasta Biolcatti dice tener un plan para disminuir la pobreza) y se generan propuestas –algunas de dudosa viabilidad–, el gobierno simplemente no las propone. O mejor dicho, se queda con la que esgrimió siempre: inclusión a partir del trabajo devenido del aumento de producción. Pero sólo si existe una legislación que asegure la redistribución de los frutos de esa producción es posible pensar que aumentarla equivale a inclusión social y equidad distributiva. Si no, se produce lo de siempre: concentración de la riqueza.

El gobierno de la Provincia de Buenos Aires acusó recibo de esta instalación del problema y recambió Ministro de Desarrollo, Cacho Álvarez, quien habló de un “ingreso universal para combatir la pobreza”. En el caso del Gobierno Nacional no se dijo nada o simplemente se redujo (y medio en secreto) a exponer los límites de una implementación de este tipo.

La sensación es que si no se logra responder a este tipo de demandas de manera más o menos urgente o si por lo menos se expone claramente las limitaciones que tiene y se genera un debate al respecto de modo que se vea cuál es la disputa y se pueda acordar algo, entonces la lucha por la redistribución va a pasar a ser una bandera de la oposición, sea o no progresista y actuando acorde con el teorema de Baglini. El discurso de Biolcati en la inauguración de la Exposición Rural (en lo referente a la pobreza) sonaba hecho de palabras prestadas. Pero está bien que sea así porque está obligado a tomar ese compromiso, aunque lo defraudede. Eso también es consenso. A su pesar, claro.

”Todo tiene que ver con todo”

                         1                    Recuerdo un viaje en taxi, años atrás, donde un comentario radial me hizo putear por lo bajo. El taxista me miro por el retrovisor y, no exento de lógica borgeana, dijo: “Y… es como todo”.
Piquete
El piquete es, debe ser, producto del descalabro del reparto de poder. Es, debe ser, expresión de aquel que no tiene otro poder para hacer valer sus derechos y necesidades de carácter urgente. Los cortes de ruta campestres en cuatro por cuatro no cumplieron el requisito.

En menor o mayor medida una sociedad democrática se basa en el ejercicio de poder individual y colectivo. El voto es uno de los tantos modos de ese ejercicio, con jerarquía especial. El derecho a huelga es otro.
La participación en manifestaciones estuvo supeditada muchas veces a la huelga, verdadera representante del poder del trabajador. El desocupado, no posee maneras de ejercer poder más que ocupando espacio con su propio cuerpo. Y votando, claro esta, pero como vimos ningún ciudadano de otros extractos sociales se limita a ejercer poder solo votando, no es lógicamente suficiente para nadie.
La presión victoriosa que se ejerció durante la temporada 125 no fue con el piquete lujoso sino con el Lockout patronal, si vale la aclaración para poner en dimensión los logros del sistema de protesta.
“Piquete y cacerola la lucha es una sola”
No fuimos pocos los que ante el cantito en aquella plaza de mayo de diciembre olimos un tufin a mierda importante. La lucha no era una, estaba claro. Unos peleaban por el dinero que les habían birlado, otros por el que nunca tuvieron. El romance termino con nuevos ahorros en los bancos para muchos de los unos y la necesidad insatisfecha de siempre para muchos de los otros. Después el voto. Después la policía porteña y una promesa electoral que Macri se digna a cumplir: los piquetes ya tienen quien los reprima.
Circular o protestar
De Clarín:
Para el abogado penalista y docente universitario Fernando Lisicki…”son derechos perfectamente compatibles. La protesta social debe ejercerse sin interferir en la circulación. Si bien hay situaciones de exclusión y de falta de respuestas institucionales que justifican la protesta, puede realizarse en espacios públicos.”
La confusión tiene algo de macabro. Los actos son para apoyar ideas, no son medidas de fuerza, no presionan inmediatamente a nadie, no a la manera de una huelga por ejemplo. La ciudad vuelve a buscar la solución de sus problemas sociales en la represión.
Clarín: “No hay que olvidar que muchas organizaciones piqueteras están políticamente cerca del kirchnerismo”
No, quizá no haya que olvidarlo.
“Todo tiene que ver con todo”
Esta sentencia puede pecar, irónicamente, de parcial. Pero la política es mucha veces, como el arte, integradora. Los fines son el resultado de los medios, los medios el resultado de las ideas, las ideas resultado de las necesidades, y los fines son saciar esas necesidades.
La nueva policía porteña pone como prioridad la lucha anti piquetera. La lucha no era una sola. La mesa de enlace dice que va al dialogo pero con la seguridad de tener la razón y decidiendo de antemano lo que se debe hacer.

 La repartija debería ser la idea, el medio y el fin. Es sin duda la necesidad.

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Redistribución

En cualquier lugar en el que un grupo de hombres hubiera salido de caza juntos, se llegaba por fin a un reparto. En la muta[1] habían actuado como uno, en el reparto debían separarse. Entre los hombres jamás se desarrolló un estómago común que posibilitara a una mayoría de ellos comer como una criatura única.

(Elías Canetti, Masa y poder, Muchnik, Barcelona, 2000, p. 199)

Por esta sencilla razón, porque no tenemos un solo estómago, sino que somos varios, pero porque sí producimos como uno y no como varios es que es necesario el reparto. No necesitamos que otro coma por nosotros, pero sí necesitamos que otros produzcan con nosotros. Si yo produzco algo es porque estoy en un contexto determinado que hace que sea más fácil hacerlo ahí, en ese preciso lugar que ocupo, y no en otra parte. Siempre hay alguien que está haciendo algo que yo no puedo y sin lo cual yo no puedo hacer lo que hago. O estoy haciendo algo que otro no puede hacer justamente porque yo lo estoy haciendo (y en algunos casos, hice lo imposible para que el otro no ocupara mi lugar). Y si lo que produzco genera mayor ganancia que otras cosas es gracias a que otros hacen esas otras cosas que yo necesito y que producen menos ganancias. Si mi producción es más gananciosa, es porque estoy gastando menos en alguna parte de la cadena y, por lo tanto, hay alguien que está produciendo algo que tiene menos ganancia de la que debería. Sin esa diferencia no hay concentración de los beneficios de esa producción. El problema es que en la masa, todos nos perdemos un poco.

mosaico en flor


[1] “La muta consiste en un grupo de hombres excitados que nada desean con mayor vehemencia que ser más. Cualquier cosa que emprendan en conjunto, salgan de caza o guerra, siempre la alcanzarían mejor siendo más numerosos. Para un grupo integrado por tan pocos miembros, cada uno que se les integra se convierte en un sensible e importante incremento irreemplazable. (…) Contaría mucho en la economía global del grupo, lo mismo que hoy cualquiera de nosotros apenas contamos.” (Canetti, p. 95)

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