Sigamo’ el debate

Cuando hablamos de los procesos de polarización política en referencia a la Argentina actual, dejemos las cosas bien en claro: no tengo diferencias con lo que piensa desparejo (de ahora en más, por lo menos en este post, Gerardo Pignatiello, amigazo de quien escribe, Marcos Xicarts). En este país y en este momento, existe una fuerza que dividió y divide aguas, hace las olas e inunda la historia. Es una fuerza que organiza un conjunto de actores políticos y sociales que, más allá de su adscripción sincera al proyecto kirchnerista, terminan por encuadrarse porque no tendrían capacidad de generar ningún tipo de concenso por fuera del armado que conduce Cristina. El sentido político en la Argentina de hoy tiene, si bien no creadores – nadie medianamente sensato le pediría esto a un líder – , formadores indiscutibles y estos son los Kirchner. Pero la Argentina no es un conjunto de tipos y tipas (ocserven la corrección política) que viven y miran la Tierra desde fuera. Nuestro proceso es nuestro y está al lado de otros que nos interesan, porque la gran mayoría de los que somos kirchneristas también somos, al menos, sudamericanistas, sanmartinianos, bolivarianos, etc. Y no podemos decir alegremente que lo mejor de lo mejor es el bipartidismo y no decir nada más. Porque entonces nos encerramos en nuestra propia historia nacional, y pensamos que nuestra manera es la fórmula para encauzar todos los procesos políticos transformadores. Vivimos en Sudamérica, nos interesa Sudamérica, nos interesa entender qué pasa acá, como Patria Grande que todavía no es, pero queremos que sea. Y en esta patria extendida las polarizaciones políticas recientes no han venido de la mano de bipartidismos consolidados. Para dividir aguas, crearon fuerzas políticas nuevas. Por supuesto, polarizar significa dividir en dos. Así pelean los seres humanos cuando se trata de decidir qué rumbo debe tomar la sociedad en la que viven. Yo no sé si da para formulación universal, creo que sí, creo que sobre esto habría que leer un poco más a Carl Schmitt, que esto lo tenía bastante claro (y por favor, no empecemos con eso de que no se puede leer a los tipos jodidos). Pero si pasamos, sin problematizar, de defender la polarización política a la defensa del bipartidismo, entonces, ¿cómo ocurren los cambios históricos? ¿qué pasa cuando, en un país con un sistema de partidos tradicionales que agotaron su capacidad de generar consensos, surgen liderazgos que, en el momento en que surgen, no pueden ser sino terceras fuerzas – más allá de que, si triunfan en sus objetivos, van a volver a polarizar la sociedad – ? En ese momento y respecto de ese país, ¿defendemos el bipartidismo?

Esto que planteo no me parece de ninguna manera un aspecto menor del debate político en Sudamérica. Si realmente pensamos que en un futuro no tan lejano vamos a ser una unidad política, entonces seguramente también queremos, si surge una nueva fuerza política en un país de nuestra región, postularnos sobre el tema. Y ahí es donde surge la cuestión: ¿qué defenderíamos en ese caso? ¿La polarización o el bipartidismo? Porque en ese caso, en ese momento, esos dos términos no significarían lo mismo.

Y ahora los dejo con estas preguntas, y yo sigo escuchando Luzbelito, que es un discazo.

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Publicado el 13 junio 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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