El Three Party

En principio, diría que estoy de acuerdo con lo que dice Entonado, y también está en ese post de MEC del cual parte. La posibilidad de un tercer partido no es imposible y justamente Entonado cita tres casos, como son el del cahvismo, el PT y el Frente Amplio. Sin embargo, no deja de ser verdad que rápidamente el sistema se organiza en forma binaria. Pasó con cada uno de esos casos que nombrás y diría que el surgimiento de un tercer partido, en esos casos por lo menos, más que dividir en tres el espectro acelera una nueva polarización, quizás más fuerte que la anterior. Pasa con el Frente Amplio que anuló la oposición entre blancos y colorados, por ejemplo. Entonces, no sé hasta qué punto esa “dispersión propia de las sociedades latinoamericanas” es tan así, por lo menos en los últimos años y por lo menos en Sudamérica.
Por otra parte, los contextos de surgimiento de nuevo partido que pretende ser mayoría generalmente suelen ser cuando hay un colectivo social que no encuentra representación y se organiza en torno a algo nuevo. Pasó con otro caso más que sería el MAS en Bolivia y el frente que llevó a Evo a la presidencia, y también con los sectores obreros en la aparición del peronismo. Si pensamos en el contexto argentino, actualmente a nivel nacional, las encuestas dan que hay entre 8% y 12% de indecisos. El porcentaje de no representación es muy bajo como para pensar en un tercer partido y además, ¿alcanza con un porcentaje alto de personas que no se sientan representadas como para que surja una tercera fuerza? Evidentemente no, y ahí está el contexto post 2001 con grandes porcentajes de voto negativo y acá estamos otra vez con dos partidos disputando la elección. Hace falta, entre otras cosas, liderazgo para organizar las demandas (como bien señalás con la tesis de Laclau) y voluntad mayoritaria y por lo tanto, de poder. Pero supongo que es mucho más complejo determinar el contexto de surgimiento de una tercera fuerza y el diagnóstico de crisis terminal de un sistema de partidos dado.
Creo que en todo caso, aquel post de MEC se refería a situaciones en que un tercer partido aparece como experimento por una diferenciación supuestamente moral de los que se desprenden de otras fuerzas. Pasa con Pino y Proyecto Sur. Tal vez haya pasado con Ominami en Chile o con Mokus en Colombia (que parece que anduvo coqueteando con una alinaza regional con el uribismo hace poco). Todos casos muy personalistas.
Dos cosas, que tal vez estén erradas, como casi siempre, y que inciden también en la dificultad de la formación de un tercer partido. Una histórica y otra, la parte práctica del partido. En cuanto a la primera, te diría que no se puede obviar y es lo que hay y que hay que lidiar con eso, son las condiciones materiales insoslayables. Los partidos cambian con el tiempo y cambian sus ideologías y tienen cierta capacidad, ayudados por su estructura existente, mayor de adaptación a determinadas circunstancias de época. Y hasta es algo deseable. No funciona que un partido no acuse recibo de un cambio de época. Le pasó al Partido Comunista en el mundo, le pasó a los propios partidos mayoritarios argentinos en distintas épocas. Pero esto es un hecho. El Partido Republicano de Lincoln luchaba para erradicar la esclavitud, mientras que los demócratas (que hoy tienen presidente negro, al que supongo este detalle histórico no le importó demasiado) eran esclavistas. El Partido Socialista Obrero Español hoy es el paladín del ajuste. Es una tendencia epocal y queda demostrado también por el tandem con que se dieron los sucesivos gobierno antineoliberales en la región. Y si entendemos al Néstor menemista porque era difícil ser opositor dentro del partido en esa época, deberíamos poder entender (con muchos reparos, claro, porque también había consonancia ideológica del propio riojano) al Menem de los 90 en un contexto de globalización neoliberal expandida otra vez por un demócrata que hace el trabajo que supuestamente debería hacer un republicano. Entonces, esto provoca cierta mutabilidad ideológica que le permite al partido adaptarse en busca de la representación de una sociedad que no está exenta de estas influencias.
El segundo punto es el tema práctico y lo hago bien corto. El partido es una práxis, además de una ideología bastante variable por condicionantes externos e internos. Tener militancia, burocracia y dominio territorial. Todo lo que permite la instrumentación de cualquier política. El peronismo lo sabe mejor que nadie y el radicalismo lo tiene en mucha menor medida. Esto es muy difícil de construir, acumular y mantener.
Ahora, hoy, ¿existe una real polarización ideológica entre la oposición y el oficialismo? Más allá de los detalles sobreactuados hacia Clarín o el institucionalismo, el radicalismo más o menos plantea dejar las cosas como están pero hacerlas con “ética”. Y el miedo viene, entonces, por la impericia para gobernar y por la poca resistencia que se le va a ofrecer a los poderes fácticos. Es decir, el miedo a un retraso.
El kirchnerismo le dio una nueva consistencia ideológica al peronismo post Menem. Lo que no se le puede pedir es que encima se la dé a la oposición.

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Publicado el 12 junio 2011 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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