Sobre bipartidismos.

Esto que escribo acá surge de la lectura de un post de María, de La barbarie, que colgó en Artepolítica. No pretende ser una crítica a lo dice ella, porque estoy de acuerdo con casi todo lo que escribe ahí. Es un disparador para pensar qué queremos decir cuando defendemos la idea del bipartidismo.

La polarización del escenario político a la que forzó el kirchnerismo nos lleva a muchos a vincularla con la división más clásica que llamamos bipartidismo, aunque este esquema institucional no necesariamente se vincula con una confrontación que divida el campo de las fuerzas sociales. Pero el bipartidismo, tal vez en la mayoría de los casos, como por ejemplo en los Estados Unidos de las últimas décadas, no pone en juego cambios en la estructura económica y social. De acuerdo con que potencialmente los partidos en disputa, dentro de este esquema, pueden encarnar movimientos contrapuestos respecto de qué tipo de organización social y económica se lucha por instaurar, y por esto, en cuanto sofisticación de la acción política, algunas veces sea preferible a la dispersión propia de las sociedades latinoamericanas. Pero también hay que pensar que en determinadas situaciones en las que las fuerzas transformadoras se encuentran atomizadas el proceso de construcción que implica reunirlas sea más interesante que la apelación a las fuerzas políticas tradicionales. No habría PT en Brasil ni Frente Amplio en Uruguay (más allá de las dudas que muchas veces nos generan), no habría Chavismo en Venezuela, si no se aceptara que fue necesario atravesar un período de articulación de fuerzas populares opuestas a las polarizaciones tradicionales, que en esos momentos ya no canalizaban alternativas reales de poder. Claro, acá tenemos Peronismo, y entonces, muy seguros de nosotros, generalizamos diciendo que lo mejor es un sistema partidario construido sobre la base de dos partidos fuertes con una capacidad de convocatoria amplia. Y yo acuerdo totalmente con este planteo, a condición de no considerarlo una declaración de principios.

La cuestión a la que quiero llegar es esta: una cosa es defender el bipartidismo en determinados períodos históricos, en determinados países, por el esclarecimiento político que permite alcanzar en la sociedad, por la estabilidad institucional que permite llevar adelante transformaciones sostenidas sin peligros de rupturas que sólo retrasan el desarrollo, y otra cosa es decir que es la mejor alternativa a secas, y sobre todo, describir terceras fuerzas como sustancialmente rígidas en lo ideológico o necesariamente personalistas, o ambas cosas a la vez (algo que no deja de parecerme un poco confuso).

A mí, las polarizaciones que me interesan son las que implican divisiones vivas, por así decirlo, del campo social, esas fases históricas de construcción política que describe Laclau con su idea de populismo, en la que la articulación y movilización de un conjunto de demandas sociales no integradas plenamente al sistema de partidos termina por polarizar el campo social. Pero de aquí no surge defender el bipartidismo como fórmula excluyente de la acción política.

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Publicado el 11 junio 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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