Las partes, la unidad y el liderazgo

La relación entre el gobierno y la CGT comienza en los inicios de este período político y está fundamentada en una decisión acerca de cuáles debían ser los pilares de un proyecto nacional y popular. Una de las más profundas convicciones de Néstor y Cristina fue y es la redistribución del ingreso a través del trabajo, que los llevó incluso a dudar por un largo tiempo acerca de medidas también progresivas en este orden, como la AUH, porque no respondía a aquella lógica de inserción laboral. Los trabajadores representan desde el inicio la base de sustentación del modelo kirchnerista. La institucionalización de las disputas laborales a lo largo de estos años da prueba de esto. La corriente moyanista dentro de la CGT, aparecía en los comienzos del gobierno de Néstor como el único actor de peso en el mundo laboral para asumir de manera sostenida las confrontaciones económicas y políticas que implicaban la adopción de un modelo distributivo basado en el desarrollo industrial dirigido, principalmente, hacia el mercado interno, lo que suponía, a su vez, un mayor poder adquisitivo de los trabajadores. Los dirigentes cegetistas que secundaron al menemismo no podían (ni querían) hacerse cargo de ese papel, y una CTA sin gran incidencia en la economía privada no podía ofrecer una alternativa real.

La recuperación del trabajo en todas sus formas (desarrollo industrial, mejores condiciones laborales, más y mejores instrumentos de negociación, recuperación del salario, planes de capacitación) fue la pieza fundamental del imaginario de esta época, y sigue siendo el principio ordenador del modelo de desarrollo y el significante unificador de su discurso político.

Las advertencias de la presidenta a los sectores sindicales que la acompañan no se salen de este paradigma ni ponen en duda el entramado de fuerzas que se consolidó a través de estas ideas. Tampoco creo que cuestionen la legitimidad de que los trabajadores participen de la construcción y gestión del proyecto. Son la reafirmación de que el liderazgo sólo puede ser político y que ninguna fuerza sectorial puede, como tal, asumir una función de conducción nacional. La construcción y control de organizaciones sociales y sindicales y la construcción de liderazgo político siguen lógicas distintas. Sólo el consenso forma liderazgo, y en lo que hace a consensos, entre Cristina y Moyano hay una distancia abismal.

La capacidad de la CGT de intervenir en la política es inmensa. Cuenta con un conjunto de herramientas, que se crearon durante este período político, que le permiten ser un factor de peso en la macroeconomía, en el estado de conflictividad social y en la organización política que sustenta este gobierno. Su capacidad de movilizar multitudes quedó demostrada en varios actos político-sindicales de estos últimos tiempos. Incluso, en plena sintonía con el ejecutivo y en relativa calma con el resto de las partes del frente, genera adhesiones o al menos simpatías desde los sectores progresistas. Difícilmente se pueda decir, en cambio, que tenga capacidad para construir amplios consensos sociales de manera autónoma. En este sentido, su poder es fuertemente dependiente de la relaciones al interior del frente político, sus demandas y propuestas alcanzan legitimidad en la medida en que se sintetizan en el liderazdo de Cristina Kirchner. Sin esta mediación, la CGT forma parte de lo que se llama comúnmente los poderes fácticos: aun cuando – y esto es discutible – tenga aceptabilidad al interior del mundo laboral, en la discusión mayor, a nivel político nacional, necesita fundirse en un armado propiamente político para alcanzar incidencia en la gestión y la planificación del estado. La inserción en el PJ bonaerense y el pedido de inclusión en las listas a diputados provinciales y nacionales son estrategias, en este sentido, esperables en su voluntad de proyección política. La presidenta no puso en duda lo esperable de esta conducta sindical, sino que impugnó las pretensiones de conducción de los dirigentes de la CGT.

La presidenta planteó que si los sindicatos no son solidarios con resto de los actores sociales, es decir, si no existe responsabilidad respecto de los intereses de otros sectores y del país en general, se transforman en corporaciones. Es decir, los sindicatos solidarios son aquellos que están comprometidos con un proyecto que los supera y les atribuye una responsabilidad. Son solidarios porque se enmarcan en un espacio político que los relaciona hacia fuera de lo sindical. De lo contrario, si sus intereses gremiales son los únicos que los movilizan, entonces pierden su carácter político, su condición de parte de un proyecto de unidad nacional. Cristina expresó que para superar el sesgo corporativo de la acción de los trabajadores y para actuar en el orden político, deben aceptar que ella es la unificadora de las fuerzas que forman este proyecto, porque no sólo es la presidenta de la nación, también asume la función de conductora política.

Esta característica también puede aplicarse, con todas las enormes diferencias que por otro lado existen entre ellas, a las agrupaciones kirchneristas y a los movimientos sociales que acompañan a Cristina: la posibilidad de que jueguen en la vida política nacional pasa por formar parte de una fuerza política que los unifique y les otorgue un sentido social general. Aisladamente, son artituladores de espacios parciales, formadores de militancia, representantes de intereses y distribuidores de beneficios, organizan sentidos públicos y son fuerzas de sustentación, pero no generan consensos nacionales. Esa es una función reservada únicamente al líder político.

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Publicado el 15 mayo 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. cuorecontento

    Muy bueno el post, coincido que es fundamental para la estabilidad política tener el liderazgo bien claro, esa tensión entre el movimiento obrero y el poder político no nos tiene que preocupar, hasta es sano que exista, motoriza los cambios, impide que el poder político se quede haciendo la plancha. Es verdad que a veces hay excesos pero así es la sociedad, sino estaría muerta.

    • El problema es que quienes sólo ven en estas tensiones una pelea por el poder, es decir, una lucha sin el marco político que de hecho la contiene, las consideran un principio de ruptura, una crisis política, etc. Más allá de la intencionalidad que encierran muchas de estas apreciaciones, lo cierto es que no reparan en el proyecto en el que están insertas estas luchas por el poder. El frente kirchnerista no es el peronismo federal, en el que una disputa, por pequeña que sea, fragmenta todo intento de armado político. El kirchnerismo se articula mediante un modelo de desarrollo y de distribución que no es sólo un discurso, que contiene en términos reales a las partes que lo conforman.

  2. cuorecontento

    Hoy le preguntaron a Moyano como pensaba él que lo veía la opinión pública. ¿La opinión pública o la opinión publicada? respondió. para la opinión publicada Bin Laden es don Bosco al lado mío,
    Yo no creo que sea un personaje de una sola faceta, pero sí pienso que cuando le conviene es leal, y hoy por hoy no hay ninguna alternativa mejor que Cristina, mirandolo desde donde se quiera mirar.

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