Sobre hegemonía kirchnerista … otra vez

En varios lados – que no recuerdo bien y bien puede que no sean tantos – leí acerca de una característica del populismo, que me parece esclarecedora respecto del kirchnerismo. Se trata de una doble relación con el pasado: una ruptura con el pasado cercano y una fuerte voluntad de reconocerse en tradiciones políticas del pasado – relativamente – lejano. Dicho así suena muy lavado, despojado de todo contenido ideológico, pero es interesante la idea, porque refiere a un intento de que la propuesta despegue de la realidad inmediata y entre en la esfera de lo histórico. Las acciones realizadas desde una formación política que se posicione de este modo están insertas en un marco de sentido que supera la interacción con las otras fuerzas políticas. Discute con épocas enteras, con identidades generacionales y nacionales. Frente a ella, las otras fuerzas parecen – y en muchos casos realmente están – dedicadas a las políticas de camarillas y del espectáculo mediático, a las pujas entre vanidades personales o a la desnuda ambición de poder. Entre una y otras se presenta un salto de sentido, como si no estuvieran confrontando en el mismo orden de cosas.

En este planteo está involucrada una idea que se viene manejando en el debate público y a la que nos venimos refiriendo desde este solitario taburete de opinión, que es la idea de hegemonía. Una política populista que marque este tipo de rupturas, pone en discusión, aceptándolas o rechazándolas, políticas del pasado en tanto constituyeron una identidad nacional y crearon y consolidaron principios básicos sobre cómo intervenir en la vida pública y manejar los asuntos del Estado. No es tanto discutir como poner en duda los términos de la discusión.

La respuesta opositora conservadora a esta voluntad de ruptura frecuentemente hace explícita esta intención, denunciándola como una ruptura de las reglas del juego: la imprevisibilidad en el orden económico, la subestimación de las formas republicanas en el orden político. No confrontan con el kirchnerismo con otro imaginario político, no sería propio, para quienes pretenden sustentar el paradigma liberal-conservador, transformarlo en un arma de combate. Fueron sentido común, lo son todavía en gran medida, y desde esa posición confrontan. Sus ideas no son propuesta, son las bases indiscutibles a partir de las que se hace política. Y este es también su defecto: en la medida en que no se está dispuesto a poner en discusión las bases, no hay revisionismo posible, y esto a su vez impide rearmar una posición política conservadora revitalizada, con un proyecto alternativo, que permita estabilizar el sistema en ese tan ansiado bipartidismo que desde este blog esperamos como si se tratara de una utopía. Miren qué poco pedimos.

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Publicado el 10 mayo 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Está buena la idea y podríamos pensar lo siguiente. El único sector (con alguna capacidad de gobierno) capaz de apelar a la historia como estrategia, además del peronismo, sería el radicalismo. También gracias a la operación kirchnerista de reubicar lo político en el debate nacional, el radicalismo tuvo su recompensa en el rescate de Alfonsín padre. Esa reformulación de la figura de Alfonsín no fue tampoco sin disputas. El radicalismo rescataba lo institucional y la democracia, mientras que el kirchnerismo lo mostraba como el peleador, el que les decía fascistas a los de la SRA, el que se enojaba con Clarín, etc. Eso ayudó a que el hijo se tomara de ese Alfonsín redimensionado en el velorio y ese es su proyecto político, el único. Entonces, el problema está en lo que decís vos. Hay algo de rancio en Alfonsin porque es un vínculo sólo con un pasado inmediato (curioso en un partido centenario) que excluye la Alianza y oculta el agotamiento de gobierno alfonsinista, el fracaso que lo lleva a la renuncia anticipada por inoperancia. En el caso kirchnerista, la estrategia fue ir a un pasado más lejano (dos, precisamente) pero con experiencias truncadas por la tragedia: el golpe del 55 y el golpe del 76. Lo que le dio esa impronta de tarea pendiente, que no tiene o no tuvo, porque no supo construir un discurso hacia adelante, el radicalismo alfonsinista.
    Finalmente, agregaría a eso que tal vez el kirchnerismo esté ahora en otra etapa, y sea esa de construir un proyecto para el futuro partiendo de premisas presentes. Si es verdad tu hipótesis, es la condición necesaria para las fuerzas del futuro que intenten reclamar este pasado que hoy es presente.

  2. Si. Yo agregaría que el kirchnerismo supo construír una historia muy propia, y en muy poco tiempo, a la que Cristina apela todo el tiempo cuando lo nombra a “él”. La muerte de Néstor bronceó un poco la gestión 2003 – 2007 ¿no?

    • Bueno, eso que señalás es importante porque también el kirchnerismo muestra capacidad de pensarse a sí mismo y no sólo en términos celebratorios como se constata en la innumerable cantidad de debates internos que tiene como fuerza política viva, que al mismo tiempo explora todos los modos posibles en que ese debate puede hacerse. Los blogs son un caso. Por otra parte, el caso Alfonsín es sintomático de lo contrario. Al mostrarse como la reencarnación de su padre, denuncia que no tiene forma de pensar ya no sólo el pasado (porque quiere ser meramente repetido), sino el presente. Y Macri, pobrecito, no puede apelar a ninguna historia porque todas las que lo anteceden en su genealogía derechosa son nefastas y ni siquiera se da cuenta que al menos podría usar la historia de Boca. La única figura de su pasado más o menos positiva de un pasado exitoso sería Bianchi.

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