Novaro

¿será capaz Cristina Kirchner de hacer un gobierno “propio” y aun aspirar a la reelección, o en caso de intentarlo se debilitará, y terminará arrinconada por los poderes facciosos que su marido mantenía a raya y usufructuaba, en particular por el de Moyano, devenido una suerte de López Rega del siglo XXI?; ¿será capaz Daniel Scioli de unificar a la familia peronista, proponiéndole una sucesión no conflictiva, que también seduzca a la mayoría electoral?

Novaro vacía de enemigos el afuera del gobierno. Esto es un poco lo que apareció en todos los medios también. Todos los enemigos están adentro, hay que mirar a los aliados. Prefieren un gobierno paranoico, un “que se dividan para que reinemos nosotros”. Esos que te hacen un acto con gran discurso al toque de la muerte de Néstor o los que te juntan a todos los intendentes para apoyar el proyecto mientras otros operan después de minutos marcándole agenda a la presidenta (pidiendo cosas similares a las que sugiere Novaro); esos, de esos se tiene que cuidar el gobierno. El enemigo está adentro, afuera está todo bien, sólo hay cariño y ganas de ayudar. Como Stolbizer que, candorosa, ofrece un gobierno de coalición. No hay poderes fácticos en Argentina, sólo hay poder político, que a todos estos analistas republicanos les parece el peor y con cuyo crecimiento no transan de ninguna manera, con los demás poderes no hay problema o no importan tanto. Esa es la premisa de Novaro. No hay nadie contra quien pelear más que contra uno mismo. El éxito depende de un triunfo personal contra la propia estupidez o algo así. Puro individualismo liberal. Para Novaro la política es una especie de autoayuda. Si se lucha contra un poder económico o mediático o militar o eclesiástico, en realidad, es porque estamos proyectando y no nos queremos hacer cargo. Por eso, tanta insistencia en lo del gobierno “propio”. No le parece lo suficientemente “propio” lo que se logró hasta ahora.

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Publicado el 2 noviembre 2010 en Uncategorized y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Nada. Eso, nada. Que podes decir frente a semejantes argumentos. Solo dejar que el viento haga lo suyo.

  2. Típico de la oposición por derecha (tal vez no sólo, pero sobre todo): cuanto más evidente es un fenómeno para nosotros, más evidente es (o quieren que sea) el fenómeno opuesto para ellos. Ven el fin del kirchnerismo, primero, y el principio del fin mediante internas disolventes, después, justo en el momento en que el apoyo a las políticas del gobierno se hizo más visible (o sea, superó la capa de invisibilidad con que pretendía taparlo el Grupo Clarín, Vila-Manzano, La Nación y afines) y además aumentó (desde la centro izquierda de tantos que votaron a Pino Solanas en 2009 y desde la centro derecha del Peronismo Federal; el no kirchnerismo tiende a reducirse a anti-kirchnerismo, por derecha y por izquierda, aunque el de una punta se diferencie del de la otra).

    Una observación particular sobre el tema y otra general.
    La particular: las internas pueden ser feroces y dividir cuando no hay ni un movimiento ni un liderazgo fuertes, lo que no es el caso del oficialismo (y sí, curiosamente, de la oposición donde militan esos que salen a hablar de las internas kirchneristas al mismo tiempo que le reconocen al kirchnerismo, por primera vez, su fuerza y liderazgo).
    La general, sobre el individualismo al que te referís al comentar a Novaro: suponer que los desvaríos y ambiciones personales de esos contrincantes internistas pueden malograr por sí solos los cambios que con la muerte de Néstor se vieron como un todo, articulados, coherentes y enhebrados, es pensar que la historia depende de los caprichos y azares individuales, y no al revés: los procesos sociales, políticos e históricos definen los márgenes de acción e incidencia de los individuos; fuera de esos márgenes, las conductas individuales sólo pueden tener la fuerza de anécdotas, nunca la de acciones decisivas. Y esto no sólo vale para la debilidad relativa de las internas, sino también para la fortaleza relativa de un liderazgo: un líder trabaja tan alto como lo deja el apoyo que tiene, más algunos metros de audacia personal (de la que Néstor fue un buen ejemplo en varios puntos).
    Abrazo de plaza, como me dijo una amiga.

    • Una cosa que une los dos puntos que señalás: el apoyo. Lo general y lo particular están expresados ahí. El apoyo expresa la suerte individual atada a un proceso que la excede.
      Es algo que Novaro señala respecto de cómo se construye un apoyo político. Pareciera inconcebible que alguien diera su apoyo, si éste no es desinteresado. Así, Moyano sólo podría apoyar si lo hace sin tener en cuenta más que la idea de lo que el gobierno representa. Lo mismo para Scioli. Y esto sería extensivo al resto de las fuerzas políticas. Resulta evidente que esto parece más la lectura de un libro con el que puedo estar o no de acuerdo, que el desarrollo de un proceso político con fuerzas vivas que tienen distintos intereses, pero que ven en una determinada fuerza o partido el ámbito de mejor resolución o acercamiento a sus objetivos. Los actos de Moyano y Scioli son apoyo para Cristina porque reconocen que es el escenario más propicio para el crecimiento del sector al que representan y de ellos cómo líderes de ese proceso. Moyano sabe que no existe en el arco político actual nadie ni nada mejor que esto que se inició en 2003 para que haya más trabajo, se actualicen los salarios, crezca la actividad sindical y él tenga mayor representatividad dentro de ese colectivo (la idea hecha realidad a través de la acción de gobierno). Y Scioli sabe que si quiere continuar su proyecto político y su mayor representatividad dentro del PJ, tiene que ganar algo: la presidencia ya fue (dados los datos de las encuestas a favor de Cristina) y la gobernación es lo más seguro. De modo que si es deseable o no, si es coherente o no, lo que importa es que se trata de un apoyo que tiene una lógica clara y predecible y no caprichosa. Y que con ese apoyo se consiguieron grandes cosas en estos años porque entendieron que a la idea no había que preservarla, sino ponerla en juego y discutirla. Y eso es mucho más de lo que puede dar cualquiera de la oposición.
      Abrazo grande.

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