Santas pamplinas, Batman.

bergoglio1_3Me enojo uno, me enojo dos, me enojo tres. Pero no quiero enojarme. Desparejo decía que ya no quiere pelearse con la realidad, lo que quiere es entenderla. Una cosa es la realidad y otra sus actores. A ellos es más fácil verles el plumero.

En Clarín de hoy: “La Iglesia alertó sobre la violencia física y verbal. Dijo que eso “debilita fuertemente la paz y el tejido social”. Y advirtió que la conflictividad social en rutas y calles “no fortalece la democracia”. Además, sostuvo que la descalificación de los que piensan diferente “limita la libertad de expresión””.

Es atendible la propuesta de no descalificación, aunque los esqueletos griten desde el ropero.

Aborto. Profilaxis. Homosexualidad. Un trío-monstruo donde la iglesia no acepta el libre albedrio. Tampoco en el arte, donde León Ferrari puede contar su rosario.  Gines estaría ahogado atado a una piedra si por la iglesia fuera. Por suerte dejaron de hacer eso, junto con lo de quemar gente viva, hace un tiempo atrás.

La Iglesia, en la voz de Bergoglio,  pide que el gobierno “adopte políticas a fin de cohesionar y pacificar al país”. Me lleva a pensar otra vez en la pacificación que beneficia a un sector de la población que no es el más postergado.

Dicen: “se hace necesario alcanzar estructuras más justas que consoliden un orden social, político y económico con equidad e inclusión”. De acuerdo. ¿Cómo? Eso parece no estar en la pronunciación. ¿Con más impuestos para los ricos? Eso va a crear conflictividad social. ¿Con la receta neoliberal del derrame? Eso creó la conflictividad. ¿Cómo? La declaración se llama “Somos Hermanos, queremos ser Nación”. Es decir : No somos una Nación, deberíamos serlo.  Hay formas de sentir la hermandad más fáciles que otras. “Yo lo vi a mister coso tomando güisqui con los del clú, pero nunca lo vi de tomando mate con la pionada, no dirá que chupaban y que brindaban a mi salú”, Zitarroza y su versión de la hermandad. La Nación, esa red de intereses comunes para el sostenimiento de una estructura que nos ampare, se hace con esfuerzo, buena voluntad y mucha plata. “La degradación de la convivencia” de la que habla Bergoglio es una falsedad, la convivencia a la que se refiere habla de una inmovilidad social, donde el pobre se queda pobre mientras el rico se toma un güisqui tranca en un barrio privado.

“En el pueblo existen hondos deseos de vivir en paz y en una convivencia basada en el entendimiento, la justicia y la reconciliación”. Discúlpeme Don Bergo, pero eso no es verdad. La paz que unos quieren es la ruina de otros. La paz del garrotazo en la zaveca, de meter a los pibes a pudrirse en la cárcel, de no garpar impuestos ni por casualidad y darse la gran vida con un pastito parasito que saca y no da. Tinelli quiere paz mientras mina la cultura con su misoginia y su perversión, mientras hace política y esconde la mano, mientras pide por mano dura y da solo basura, basura de la peor y la mas corrosiva. ¿Susana Dientepordiente? ¿Mirtha se hermana con su mucama?  ¿Los ruralistas quieren la paz? Ellos están contando billetes a la mañana y armando piquetes a la tarde, antes del asado y el vino a la noche, se reúnen a ver como pueden voltear al gobierno como en los viejos tiempos. Ellos no van a los piquetes por el pancho y la coca, ¡que esperanza!, a por millones van ellos. ¿Carrio quiere la paz?

Usted, Don Berga, ¿Qué paz prefiere? Me enojo uno, me enojo dos…

“La raíz del problema radica en la crisis cultural, moral y religiosa en que estamos inmersos”. Exploto. No Don Berga, no es verdad. La crisis es principalmente de intereses económicos, y moral puede ser, pero no le va a decir al que le falta todo que su mayor problema es moral, dígaselo mejor en la próxima reunión con sus benefactores poderosos, con esos con los que usted se codea, Don Berga. Y el factor religioso al que se refiere, bueno, váyase a freír papas que eso es libre albedrio, cada cual profesa o no lo que se le de la regalada gana. Además su amiga Carrio no le hace buena fama a la religión suya.

Dice el cronista Clarineteano: “No creen que toda la culpa la tenga el Gobierno, si bien corre con la mayor cuota. También la tienen los piqueteros. Y una oposición que no termina de articularse”. La culpa maligna es del gobierno y los piqueteros. La de la oposición es por no retomar el poder de una vez por todas y llevarnos a aquella hermosa paz de los años 90. ¿Y el poder económico? Los absolvió Dios.

“El individualismo que lleva al encierro y la indolencia frente al sufrimiento del hermano y a un progresivo acostumbramiento y resignación ante la pobreza y exclusión”. Eso esta bien. ¿Vió? Al final nos pudimos poner de acuerdo y pacificarnos un poco.

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Publicado el 14 noviembre 2009 en Opinión y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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