Contrabandeando progresismo

De New Album 8/6/09 10:44 PM

En las jornadas camperas del 2008, Nestor Kirchner y Cristina Fernández lograron instalar la palabra redistribución en la sociedad y, sobre todo, en el discurso opositor. No importa si se es o no responsable del modo en que se ejecuta esa redistribución o si se es o no sincero en su enunciación. Por izquierda se la exige pero no se explica el cómo y por derecha se dice cómo pero la cuenta no cierra (bajar retenciones o eliminarlas y cubrir el agujero con eliminación de subsidios al transporte y servicios –consumos populares– para financiar un ingreso universal). Lo que importa es que el gobierno desde entonces fue responsable junto con otros sectores que lo apoyaban, de hacer ver que ésa, la redistribución era, si no una meta, algo a lo que no se podía oponer nadie. Queda mal oponerse a la redistribución. Antes quedaba mal estar en contra de la lucha contra la pobreza. Ahora se afinó un poco la puntería, se hizo menos abstracto.

Pero ante semejante avance, la cosa parece haberse estancado. Quien instaló el tema se queda sin hechos. Si de una punta a la otra del arco político se propone una acción hacia el sector más pobre de la población (hasta Biolcatti dice tener un plan para disminuir la pobreza) y se generan propuestas –algunas de dudosa viabilidad–, el gobierno simplemente no las propone. O mejor dicho, se queda con la que esgrimió siempre: inclusión a partir del trabajo devenido del aumento de producción. Pero sólo si existe una legislación que asegure la redistribución de los frutos de esa producción es posible pensar que aumentarla equivale a inclusión social y equidad distributiva. Si no, se produce lo de siempre: concentración de la riqueza.

El gobierno de la Provincia de Buenos Aires acusó recibo de esta instalación del problema y recambió Ministro de Desarrollo, Cacho Álvarez, quien habló de un “ingreso universal para combatir la pobreza”. En el caso del Gobierno Nacional no se dijo nada o simplemente se redujo (y medio en secreto) a exponer los límites de una implementación de este tipo.

La sensación es que si no se logra responder a este tipo de demandas de manera más o menos urgente o si por lo menos se expone claramente las limitaciones que tiene y se genera un debate al respecto de modo que se vea cuál es la disputa y se pueda acordar algo, entonces la lucha por la redistribución va a pasar a ser una bandera de la oposición, sea o no progresista y actuando acorde con el teorema de Baglini. El discurso de Biolcati en la inauguración de la Exposición Rural (en lo referente a la pobreza) sonaba hecho de palabras prestadas. Pero está bien que sea así porque está obligado a tomar ese compromiso, aunque lo defraudede. Eso también es consenso. A su pesar, claro.

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Publicado el 6 agosto 2009 en Uncategorized y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. Se anima Biolcatti a ningunear el derecho de los trabajadores rurales, sumidos muchísimos de ellos en la pobreza porque cuenta con ciertos apoyos.En mi criterio, el Gobierno no ha evitado abordar el problema de la pobreza. Tal vez te acuerdes que el año pasado Cristina Kirchner había acusado a los ruralistas de estar incurriendo en “el peor de los pecados, que es la avaricia”. El titular de Cáritas, el obispo Fernando Bargalló, salió en los medios al cruce de declaraciones: aseguró que “la avaricia es un pecado grave” porque hace que las personas se “desentiendan de la realidad sufriente de los demás” pero agregó que la “soberbia” es un pecado “más grave” que la avaricia.
    Es evidente que la Iglesia es socia de Biocatti. Y va por más… ya que ahora halla escandalosa la pobreza…
    Saludos

    • Monona: gracias por comentar. Con respecto a lo que decís, los que decía en el post era que en estos momentos en que el discurso sobre la pobreza comenzaba a estar en manos de la Iglesia o de la Rural, el Gobierno no encontraba la forma de encabezar él mismo ese discurso. Sobre todo porque es más dificultoso hacerlo. La oposición puede testimoniar y con eso le basta, pero el Gobierno debe responder con hechos y ahí está toda la cuestión presupuestaria como eje principal que dificulta concretar lo que se pueda decir sobre el tema.
      Yo comprendo perfectamente las dificultades, pero si se está instalando el debate sobre la pobreza y le preguntan al nuevo ministro de economía sobre el ingreso universal, no puede simplemente negarlo o decir que no se puede. Debería tener alguna alternativa, debería poder contrarrestar a la oposición con algo que por lo menos arrime al bochín.
      Pero, y de esto no me caben dudas, el que puso el tema en discusión porque le dio letra a la derecha es el gobierno, que ha sido casi el único generador de política y desafíos en estos últimos años. La oposición de la derecha trabaja con discurso prestado en este asunto. Y no me parece mal. Veo bien que se sientan exigidos a tener que incluir el tema en su agenda. Saludos

  2. cuore contento

    Creo que a través de Kirchner se intentó dar una respuesta alternativa en el acto de Quilmes donde anunció que la semana próxima se lanzaría un plan de creación de empleos a través de cooperativas y con inversión pública. Coincido en que con esto no alcanza ya que un plan de empleos es por lo menos a mediano plazo y es urgente dar un paliativo aquí y ahora por varios motivos: en primer lugar para socorrer a la gente que la está pasando peor, esto también reactivaría el mercado interno y a su vez fortaleceria al gobierno recuperando la iniciativa.

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